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IA en diseño UX/UI: cómo utilizarla como herramienta, no como solución


Hace tiempo que investigamos y hablamos sobre inteligencia artificial, pero desde hace seis meses nos hemos sumergido de lleno en esta espiral. La inteligencia artificial ha entrado como un tsunami en nuestra forma de trabajar. A veces para ordenar ideas. Otras para desbloquear una dirección, probar una estructura, desarrollar un design system, corregir, unificar o resolver en minutos algo que antes nos llevaba bastante más tiempo. Eso no significa que todo salga bien a la primera, ni que piense por nosotros.

El valor no está en dejar que piense por nosotros, sino en contar con más recursos para hacerlo mejor.

La IA como parte del proceso

Uno de los errores más habituales es tratarla como una solución cerrada. Hace falta probar, ajustar, volver atrás y decidir qué tiene sentido para ese proyecto y qué no. Porque una propuesta puede parecer correcta y, aun así, no encajar con el usuario, con el negocio o con el momento en el que se encuentra el proyecto.

Podemos pedir una estructura, una navegación, un texto o varias alternativas visuales. Pero recibir una respuesta no significa haber resuelto el problema.

A veces el resultado será atractivo, pero confuso. Otras veces repetirá fórmulas que funcionan en otros proyectos, pero no en el nuestro. Incluso puede tener todo el contexto y, aun así, tomar una dirección que no nos sirve.

Ahí sigue estando nuestro trabajo: mirar lo que propone, entender qué aporta y decidir qué merece la pena conservar. Su valor está en ayudarnos a explorar, no en decidir por nosotros. Y es ahí donde entra a formar parte del proceso de diseño.

Las preguntas importantes siguen siendo las mismas.

  • Qué problema queremos resolver.
  • Para quién estamos diseñando.
  • Qué necesita hacer esa persona.
  • Qué espera conseguir el negocio.
  • Cómo sabremos si la solución funciona.

La diferencia es que ahora contamos con una herramienta más durante el camino, no solo al final, ya que no se trata de sustituir nuestro proceso, sino de enriquecerlo.

Un buen resultado empieza por explicar bien lo que buscamos

Cuando pedimos algo demasiado general, solemos recibir algo demasiado general.

“Diseña una página moderna” deja casi todas las decisiones importantes abiertas. No explica para quién es, qué debe conseguir, qué personalidad tiene la marca ni qué límites hay que respetar.

No hace falta escribir siempre un prompt infinito. Hace falta saber qué información cambia de verdad el resultado. Una estructura sencilla, pero con la información necesaria, puede ser:

Contexto + usuario + objetivo + contenido + referencias + especificaciones + restricciones + accesibilidad + revisión final.

Detalla y dale las referencias técnicas necesarias para que tenga suficiente contexto para no inventar. No garantiza una propuesta perfecta, pero sí un punto de partida mucho más útil. Y, sobre todo, evita que la herramienta tenga que rellenar con suposiciones todo aquello que no hemos explicado.

En realidad, no es algo exclusivo del diseño con inteligencia artificial. También ocurre al crear contenido: antes de pensar en palabras clave o posiciones, necesitamos entender qué busca la persona, responder a sus dudas y organizar la información para que pueda encontrarla con facilidad.

Las referencias también ayudan a explicar una idea

A veces sabemos reconocer el diseño que buscamos, pero nos cuesta describirlo con palabras. Ahí es donde las referencias nos ayudan a bajar las ideas y dar forma a nuestra imaginación. Podemos enseñar una navegación que nos parece clara, un uso del color que encaja con la marca o una página que consigue ordenar mucha información sin resultar pesada. También podemos explicar qué nos interesa de cada referencia y qué no queremos repetir. Quizá nos gusta la jerarquía de una web, pero no su estilo visual. O nos interesa cómo trabaja con las imágenes, pero no cómo organiza el contenido. Lo primordial es darle detalles de la forma más eficiente posible.

No se trata de pedirle que copie. Se trata de darle las referencias necesarias para acercarla al resultado que quieres crear.

Cuanto más claro tengamos lo que buscamos, mejor podremos explicarlo. Y cuanto más contexto aportemos, más fácil será que el resultado se acerque a lo que necesitamos. También es interesante entender que, cuando no lo tienes tan claro, puede ayudarte a desbloquear ideas. Darle espacio para evolucionar también es importante, porque puede llevarte hacia resultados que quizá no habrías valorado al principio.

No todas las herramientas sirven para lo mismo

No todas hacen lo mismo. Y tampoco deberían hacerlo. Algunas nos ayudan a ordenar ideas, analizar información o plantear nuevas preguntas. Otras están más enfocadas al código, al diseño visual, al prototipado o a la creación de contenidos.

La clave no está en utilizar la herramienta más popular, sino en saber cuál encaja mejor en cada momento. Las más enfocadas y que uso para mis proyectos de diseño son Figma (que le ha dado una vuelta a la propia app con su nuevo Agent y el modo Motion), Claude Design y Claude Code.

No necesitamos encontrar una única plataforma que haga todo. Nos interesa entender qué aporta cada una y cómo puede encajar en nuestro proceso. Y eso también requiere tiempo.

Nunca dejes de inspirarte

Estas herramientas pueden generar propuestas, pero no van a sustituir tu imaginación, tu razonamiento ni tu curiosidad. Tu manera de entender tu entorno, de relacionarte e interactuar con él influyen en tu gusto, en tu criterio y en tu forma de plasmar un concepto.

Los diseñadores nos alimentamos de referencias, experiencias y formas distintas de mirar el mundo. Cuanto más amplio sea nuestro universo de inspiración, mejores preguntas podremos hacernos y más fácil será reconocer cuándo un resultado merece la pena. Podemos buscar referencias en plataformas para nutrir nuestras mentes, no para estar al día de todo, porque entonces no nos quedarían horas para crear.

Aunque para mi la inspiración no puede quedarse solo en las interfaces digitales; la arquitectura, la fotografía, el cine, la moda, el diseño editorial o los objetos cotidianos también nos enseñan a ordenar, dirigir la mirada y construir una experiencia. Una herramienta puede recombinar referencias. Nuestra imaginación, en cambio, va creciendo y evolucionando con todo lo que sentimos, vivimos y recordamos.

Por eso, no dejes nunca de admirar a diseñadores, estudios, directores creativos y proyectos. Tampoco dejes de leer, consumir cultura sin fin, salir a caminar, viajar o descubrir, porque la creatividad no consiste solo en hacer algo diferente, sino en encontrar nuevas maneras de llegar a un mejor resultado.

La experiencia de usuario está en todas partes

La experiencia de usuario no empieza y termina en una pantalla. Está presente cuando compramos un billete, intentamos entender una señal, utilizamos un cajero, entramos en un hospital o abrimos un producto por primera vez.

En cualquiera de esas situaciones podemos observar qué nos ayuda y qué nos frena.

  • ¿Por qué aquí sé enseguida qué tengo que hacer?
  • ¿Por qué este formulario me hace dudar?
  • ¿Qué información habría necesitado antes?
  • ¿Qué detalle hace que me fíe?
  • ¿Hay algo que sobra?

Estas preguntas cotidianas nos enseñan mucho sobre diseño web y experiencia de usuario. Podemos analizar una experiencia con herramientas, datos o metodologías. Pero antes necesitamos aprender a observarla.

Hazlo fácil

El diseño UX/UI debe ser funcional, comprensible y accesible. Pero también puede tener personalidad, sorprender y dejar huella. Diseñar solo desde la lógica puede llevarnos a soluciones correctas, pero previsibles. Hacerlo únicamente desde la creatividad puede producir algo llamativo, pero difícil de utilizar. El reto está en encontrar el punto medio.

Innovar tiene sentido cuando hace que algo se entienda mejor, simplifica el camino o aporta una forma más clara de hacer las cosas. No todo lo nuevo mejora una experiencia.

Diseñar no consiste en acumular opciones. Muchas veces, nuestro trabajo está en seleccionar, reducir y ordenar. En decidir qué debe quedarse y qué podemos quitar. Una buena experiencia permite entender rápidamente dónde estamos, qué podemos hacer y qué ocurrirá después. No obliga a pensar más de lo necesario ni añade pasos solo porque técnicamente son posibles.

A veces, la mejor decisión no es añadir algo nuevo. Es mantener una solución sencilla que ya funciona.

Cuanto más fácil sea producir, más importante será saber decidir

Cada vez será más sencillo generar interfaces, textos, imágenes o prototipos.

Por eso, el valor del diseñador no estará únicamente en su capacidad para producirlos. Estará en saber qué problema merece la pena resolver, qué propuesta tiene sentido y qué opción deberíamos descartar.

Entender al usuario, elegir buenas referencias, formular las preguntas adecuadas y simplificar una experiencia seguirá necesitando criterio. Estas herramientas pueden acelerar tareas, sacarnos de un bloqueo y abrir caminos que quizá no habíamos considerado. Pero necesitan dirección.

No sustituyen la imaginación, la experiencia ni la sensibilidad necesaria para entender que detrás de cada producto hay personas distintas, con necesidades y contextos diferentes.

El futuro del diseño UX/UI no consiste en elegir entre diseñadores o inteligencia artificial. Consiste en aprender a utilizar la tecnología sin perder la curiosidad, el criterio y la intención que convierten una propuesta en una buena experiencia.


Cuanto más fácil sea producir, más importante me parece preguntarnos qué estamos dejando por el camino.

Como diseñadora, no quiero que la inmediatez acabe ocupando el lugar de la calidad. Ni que la rapidez nos haga conformarnos con soluciones correctas, pero impersonales. Porque cuando todo puede generarse para todos, corremos el riesgo de no estar diseñando de verdad para nadie.

Diseñar es mirar de cerca. Entender a quién tienes delante y también aquello que no sabe explicar. Y eso me preocupa cuando hablamos de inteligencia artificial.

No porque crea que vaya a sustituirnos, sino porque puede acostumbrarnos a trabajar desde más lejos. A aceptar respuestas suficientemente correctas. A construir para un usuario genérico, una especie de persona promedio que lo entiende todo, que se comporta como esperamos y que, en realidad, no existe.

No creo que el reto sea elegir entre diseñar con inteligencia artificial o sin ella. Para mí, la responsabilidad está en no perder la cercanía.

Uso estas herramientas para ser eficiente en una parte del proceso y poder dedicarle más atención a todo lo demás, incluso a cosas que antes quizá ni siquiera tenía tiempo de plantearme. Para explorar más, pero también para decidir mejor. Para avanzar con más agilidad sin perder aquello que hace que una experiencia sea cercana, honesta y humana.

No sé todavía cómo cambiará nuestra profesión dentro de unos años. Seguramente muchas de las cosas que hoy nos sorprenden acabarán pareciéndonos normales. Y seguramente, para entonces, nos estaremos haciendo preguntas nuevas.

Preguntas frecuentes sobre IA y diseño UX/UI

¿La IA puede sustituir a un diseñador UX/UI?

Puede acelerar tareas, generar alternativas y ayudar en distintas fases del trabajo, pero sigue siendo necesario entender el contexto, al usuario y los objetivos del proyecto. La decisión final y la responsabilidad sobre la experiencia continúan siendo del diseñador.

¿Qué debe incluir un buen prompt de diseño UX/UI?

Debe aportar el contexto del proyecto, el usuario, el objetivo, los contenidos, las referencias, las restricciones y el resultado que esperamos obtener. No tiene que ser enorme, pero sí incluir la información que realmente condiciona la propuesta.

¿Qué herramienta de IA es mejor para diseñar?

No existe una única herramienta adecuada para todo. La elección depende de la tarea: estructurar información, trabajar contenidos, diseñar pantallas, crear prototipos o implementar una interfaz.

¿Cómo evitar resultados demasiado genéricos?

Aportando contexto real, referencias bien explicadas, contenidos propios y límites claros. Después toca probar, comparar y revisar hasta encontrar una dirección que encaje con el proyecto.

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